Perra con mazorca entre los dientes | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Perra con mazorca entre los dientes | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Perra con mazorca entre los dientes | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Perra con mazorca entre los dientes | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Perra con mazorca entre los dientes

Cultura Tumbas de tiro
Estilo Comala
Región Colima
Período Preclásico tardío-Clásico temprano
Año 300 a.C.-600 d.C.
Técnica

Barro modelado, inciso y bruñido

Medidas 24.2   x 16.3  x 36.5  cm
Ubicación Sala 4. Sociedad y costumbres
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 3
Investigador

Descripción

En esta escultura de un perro que lleva en el hocico una mazorca, resulta significativo que en el modelado del cuerpo se sugiera que se trata de una hembra, ya que pudiera interpretarse como la imagen de un ancestro femenino de la humanidad. En el arte de la cultura de las tumbas de tiro, en particular en piezas del estilo de la zona colimense de Comala, se ha podido reconocer la figuración de un mito cosmogónico cuyo registro oral más antiguo conocido data de finales del siglo XIX en la sociedad wixárika o huichol.

Éste refiere la destrucción a causa de un diluvio universal, así como una nueva creación del mundo y los hombres. Se cuenta que la diosa madre de la tierra previno a un sembrador de maíz para que pudiera resguardarse de la inundación en una caja de madera; la diosa le pidió que llevara consigo granos de las cinco variedades del maíz y cinco semillas de frijol también de cada color, asimismo, fuego, tallos de calabaza para alimentarlo y una perra negra. Hasta el sexto año la tierra comenzó a secarse, nacieron los árboles y la yerba, y el hombre volvió a sus tareas de agricultor.

Vivía con la perra en una gruta en donde la dejaba cuando se iba a trabajar; todas las tardes, a su regreso, se encontraba con tortillas; intrigado, espió a la perra y descubrió que se quitaba la piel y, convertida en mujer, molía el maíz. El hombre tomó la piel y la quemó; la mujer le reclamó y comenzó a aullar; el hombre le lavó la cabeza con agua del nixtamal que ella misma había preparado y desde entonces se mantuvo como mujer. Los dos tuvieron muchos hijos e hijas que se casaron y poblaron el mundo. De tal modo, esta es la pareja a partir de la cual se creó la humanidad.

En el mencionado estilo Comala se conocen otras representaciones similares a la pieza que nos ocupa; en ellas algunos autores han visto una significación más directa, en cuanto a que en el México antiguo los perros a veces eran cebados o alimentados con maíz para el consumo humano. A diferencia de lo anterior, se piensa que existen argumentos para identificar tales figuraciones escultóricas como la mujer de esa pareja ancestral en su faceta original canina. En relación con dicho mito, la imagen que vemos igualmente puede considerarse explícita. La mazorca que lleva entre los dientes resulta elocuente como el alimento primordial, y del color de la piel cabe decir que sólo parcialmente la superficie fue revestida de color oscuro, tal vez por medio de ahumado o de la cocción en una atmósfera reductora; este tratamiento se aprecia sobre todo en el torso, mientras que en la cabeza y las extremidades se distinguen manchas negras que son acumulaciones de minerales.

Los rasgos físicos del perro corresponden con una raza particular, que tiene pelo, de cráneo alargado y cuerpo tamaño medio con patas cortas, que en náhuatl se denomina “tlalchichi”. Este perro chaparro es referido en fuentes del siglo XVI, como el Códice Florentino; las indagaciones arqueozoológicas han identificado sus osamentas en algunos sitios antiguos; y en la renombrada escultura del estilo Comala, los perros de tal raza se plasmaron con frecuencia.

En esta escultura de un perro que lleva en el hocico una mazorca, resulta significativo que en el modelado del cuerpo se sugiera que se trata de una hembra, ya que pudiera interpretarse como la imagen de un ancestro femenino de la humanidad. En el arte de la cultura de las tumbas de tiro, en particular en piezas del estilo de la zona colimense de Comala, se ha podido reconocer la figuración de un mito cosmogónico cuyo registro oral más antiguo conocido data de finales del siglo XIX en la sociedad wixárika o huichol.

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