María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
María Magdalena | Colección de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
Región Nueva España
Período Siglo XVIII
Técnica Madera tallada y policromada  
Medidas 58.5   x 27.5  x 28.5  cm
Investigador

Descripción

El arrepentimiento por haber ejercido la prostitución en su juventud es el punto de encuentro entre la vida de María Egipciaca y María Magdalena, mujeres que representan el perdón del pecado y que se suelen confundir. A lo largo del tiempo ambas figuras han sido plasmadas en la literatura, el grabado, la pintura y la escultura; algunos ejemplos de la primera son Santa María Egipciaca, siglo XV, en el pórtico de Saint Germain-l’Auxerrios (París); María Egipciaca, siglo XV, en el ábside de la capilla de la Virgen en la Abadía de Saint Riquier, y Santa María Egipciaca, de Pedro de Mena, en el Museo Nacional de Escultura (Valladolid), piezas que muestran a una mujer madura con larga cabellera, con un atuendo en distintos materiales y los tres panes como atributo personal de la santa.

El grabado calcográfico Santa María Egipciaca de Boetius Adams Bolswert (ca. 1580-1633) presenta a una mujer entregada a la oración con las características antes mencionadas, pero entre sus manos sostiene un crucifijo y a sus pies se halla un cráneo sobre los tres panes, elementos útiles para la meditación.

Al igual que María Egipciaca, María Magdalena ha sido motivo en distintas disciplinas del arte; algunas muestras escultóricas son Magdalena penitente, siglo XV, de Donatello; Magdalena penitente, siglos XV-XVI, de Grefor Erhart; obras muy diferentes entre sí pero con el rasgo común de la cabellera larga y suelta que cubre el cuerpo desnudo de la santa. Otro ejemplo es la Magdalena penitente que realizara Pedro de Mena en 1664, perteneciente al Museo del Prado que se conserva actualmente en el Museo Nacional de Escultura (Valladolid, España), figura que se encuentra de pie, tiene cabellera larga, vestido de estera y crucifijo en la mano izquierda, mientras la diestra está colocada sobre su pecho.

En cuanto al arte pictórico, se han recreado distintos episodios de la vida de María Magdalena. En su retiro a la gruta de La Sainte Baume se le representa como una mujer dedicada a la penitencia, episodio que posiblemente ilustra nuestra pieza. Autores como Tiziano, en el siglo XVI, José de Ribera, en el XVII, Cesare Gennari y Jan Massys, entre otros, pintaron su Magdalena penitente. El rasgo que comparten entre ellos es la figuración de una bella y joven mujer con larga cabellera color castaño que cubre su tronco desnudo; la postura de su cuerpo es arrodillada o sentada en actitud contemplativa y la acompaña el frasco de perfume que usó para ungir los pies de Jesús en casa de Simón el fariseo como atributo personal.

En nuestra pieza María Magdalena está arrodillada con el brazo izquierdo a la altura del pecho con la mano entre abierta, como si sostuviera un objeto, tal vez un crucifijo, mientras que el brazo derecho, cuya mano muestra los dedos separados, se encuentra suspendida en el aire, postura que nos remite a un gesto orante. Con base en estudios iconográficos, la ondulada y suelta cabellera castaña refiere a una mujer que llevó una vida desordenada, pero la abandonó; entre los ermitaños, el cabello largo se considera símbolo de penitencia. Llama la atención el torso desnudo de la escultura, que podría representar el abandono de las riquezas materiales, acción asociada con María Magdalena. Las perforaciones en ambos lóbulos de las orejas tal vez sirvieron para colocar sus pendientes, un rasgo más de Magdalena. Se puede apreciar la túnica que cubre de la cintura para abajo que el oro podría ser el original del estofado, mientras que el esgrafiado se perdió con el paso de los años y se suplió con pintura hecha con pincel en color oscuro. La parte posterior no muestra trabajo de estofado, razón por la cual suponemos que la pieza se elaboró para ser vista sólo por la parte de enfrente. Con base en el trabajo del cabello ondulado, los ojos de vidrio y el paño pudiéramos datar nuestra escultura como novohispana del siglo XVIII.

Faltan el pie izquierdo y algún otro atributo, elementos que serían de gran ayuda para esclarecer finalmente la identidad de nuestra figura; sin embargo, se considera que es María Magdalena a partir de la investigación realizada.

El arrepentimiento por haber ejercido la prostitución en su juventud es el punto de encuentro entre la vida de María Egipciaca y María Magdalena, mujeres que representan el perdón del pecado y que se suelen confundir. A lo largo del tiempo ambas figuras han sido plasmadas en la literatura, el grabado, la pintura y la escultura; algunos ejemplos de la primera son Santa María Egipciaca, siglo XV, en el pórtico de Saint Germain-l’Auxerrios (París); María Egipciaca, siglo XV, en el ábside de la capilla de la Virgen en la Abadía de Saint Riquier, y Santa María Egipciaca, de Pedro de Mena, en el Museo Nacional de Escultura (Valladolid), piezas que muestran a una mujer madura con larga cabellera, con un atuendo en distintos materiales y los tres panes como atributo personal de la santa.

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