Peces | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cultura Tradición Mezcala
Región Cuenca media del Balsas
Período Preclásico tardío-Clásico tardío
Año 500 a.C.-900 d.C.
Técnica

Piedra cortada, tallada y pulida

Piezas por lote 3
Medidas

4.5 x 8.2 x 1 cm | 4.8 x 8 x 1.3 cm | 4.5 x 8.5 x 1.4 cm

Ubicación Sala 2. El mundo religioso
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1028
Investigador

Descripción

En las tres piezas se esculpió el mismo pez de silueta ovalada; son figuras planas de piedra dura de color castaño claro que presentan la misma vista por los dos lados; se reconoce un pez óseo, unos cuantos cortes precisos marcan las partes principales de su anatomía, entre ellas sus aletas dorsal, pelviana y caudal bifurcada, de modo que podemos considerarlas como imágenes artísticas realistas. El uso que pudieron tener es enigmático, ya que carecen de perforaciones para colgarlas como pendientes. Una posibilidad es que se hayan usado como ofrenda, cuya dedicación pudo ser muy variada: a una deidad, un edificio, un objeto, un personaje, un difunto o un espacio natural sagrado, entre otras.

Exploraremos esta posibilidad atendiendo los simbolismos de los peces en la cosmovisión mesoamericana. Las relaciones entre los humanos y la fauna son muy complejas; entre los antiguos mexicanos los animales sirvieron como alimento, compañía o materia prima para elaborar instrumentos rituales, herramientas de trabajo, adornos o símbolos religiosos. En cada caso sobresale el uso de especies específicas que revela un conocimiento profundo de la naturaleza; en el caso de los peces entre sus características se hallan su origen en hábitats marinos o de agua dulce, su carácter local o exótico y la proveniencia cercana o lejana. Como ejemplos de sus usos simbólicos rituales, en la cuenca del lago de Pátzcuaro se han encontrado pescados como ofrendas funerarias alimentarias en entierros humanos que datan del Clásico tardío y, en la misma entidad de Michoacán durante el Posclásico tardío se sabe que entre los tarascos era común dar presentes de pescado a los visitantes y cuando moría el irecha o rey le ponían al cuello huesos de pescado blanco.

Contemporáneo a esta última cultura, en el recinto sagrado mexica de Tenochtitlan se han encontrado varias ofrendas que contenían restos animales y se ha supuesto que recreaban la estructura del universo; la fauna acuática y también sus representaciones simbolizaron el nivel inframundano, el cual se concebía como un gran océano primordial emplazado por debajo de la superficie de la tierra y conectado con los cuerpos de agua terrestres como lagos y ríos. Este estrato a su vez tenía varios niveles en un esquema vertical, por lo que las especies de ámbitos más superficiales u hondos evocarían a su vez la profundidad de dicho mar primordial.

En las tres piezas se esculpió el mismo pez de silueta ovalada; son figuras planas de piedra dura de color castaño claro que presentan la misma vista por los dos lados; se reconoce un pez óseo, unos cuantos cortes precisos marcan las partes principales de su anatomía, entre ellas sus aletas dorsal, pelviana y caudal bifurcada, de modo que podemos considerarlas como imágenes artísticas realistas. El uso que pudieron tener es enigmático, ya que carecen de perforaciones para colgarlas como pendientes. Una posibilidad es que se hayan usado como ofrenda, cuya dedicación pudo ser muy variada: a una deidad, un edificio, un objeto, un personaje, un difunto o un espacio natural sagrado, entre otras.

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