La figurilla presenta un modelado cuidadoso en barro que, pese a su aparente sencillez, deja ver un oficio consolidado dentro de una tradición técnica. Su manufactura a mano la inserta en la larga línea de producción cerámica del Preclásico medio, donde las comunidades experimentaban con formas humanas como parte de un lenguaje ritual y cotidiano todavía en formación. La cabeza es sólida y refuerza ña intención de destacar rasgos identitarios más que detalles anatómicos precisos.
El volumen del rostro es uno de los elementos más expresivos. La mandíbula ancha y ligeramente proyectada crea una silueta facial que recuerda ciertos rasgos iconográficos tempranos asociados al estilo olmeca. No obstante, esta influencia no se presenta como una copia directa, sino como una apropiación estilística adaptada a un contexto cultural diferente. La boca semicerrada, de trazo simple, sugiere una contención que contrasta con la firmeza sugerida por la mandíbula.
Los ojos, apenas incisos, funcionan más como indicadores simbólicos que como descripciones naturalistas. Esta forma de representar la mirada es común en diversas tradiciones preclásicas del Altiplano Central, donde la simplicidad del trazo no implica falta de expresividad, sino un código visual compartido que prioriza la actitud o la “presencia” del personaje sobre la anatomía. Algo similar ocurre con la nariz, representada mediante un volumen mínimo a través de pastillaje.
El peinado y la configuración de la cabeza aportan un elemento adicional de identidad. Aunque no se trata de un arreglo complejo, su forma redondeada y la transición suave hacia el cuello sugieren una estilización consciente. Algo característico de esta pieza es la modificación craneana. Esta práctica, compartida por numerosas sociedades mesoamericanas, comenzaba durante los primeros meses de vida mediante el uso de tablillas o vendajes que moldeaban la cabeza del infante. La modalidad más extendida en piezas del Altiplano Central durante el Preclásico medio fue la tabular erecta que produce cráneos altos por la presión vertical sobre frontales y occipitales, aunque también hay piezas con la modificación del tipo tabular oblicua que genera una silueta inclinada hacia atrás. Esta cabeza se reconoce principalmente el modelado tabular erecto, si bien el volumen del peinado puede acentuar visualmente una forma más reclinada.
La pieza, aunque incompleta, se aprecia compacta y revela una postura estable y muy probablemente de pie. En términos comparativos, la figurilla conjuga elementos que dialogan con dos grandes horizontes: por un lado, la tradición olmeca temprana, perceptible en la mandíbula ancha y la preferencia por rostros contundentes; por otro lado, los estilos del Altiplano Central, la síntesis de los rasgos faciales y la corporalidad simplificada generan un lenguaje propio. Esta combinación refuerza la idea de que los grupos humanos del Preclásico no desarrollaron sus tradiciones en aislamiento, sino en un continuo intercambio que fluía a través de rutas comerciales, migraciones estacionales y relaciones rituales.