En el norte de la Costa del Golfo se desarrolló la sociedad téenek, comúnmente llamada huasteca. Según los especialistas, el arribo de la población descendiente de grupos mayas a esta zona se dio hacia el 2000 a.C., y su permanencia continúa hasta nuestros días, situación que evidencia su resistencia, adaptación y porque no a su resiliencia.
Esta larga duración ha generado una serie de elementos culturales únicos y representativos de los huastecos en los que se incluyen las artes figurativas como es la alfarería. En este marco durante el periodo Clásico mesoamericano, las esculturas de arcilla antropomorfas se convirtieron en una temática frecuente de representación. Los atributos diagnósticos son el cuerpo desnudo, la plasticidad y la frontalidad.
Dichas cualidades las podemos apreciar en esta pieza de la Colección, ya que se trata de una obra femenina sedente sobre sus glúteos, como atavío no posee más que un collar. El movimiento se mira en las extremidades superiores e inferiores que divergen del tronco y se abren como quien externa una emoción con sus brazos y piernas. La proyección frontal se precisa en el nulo detalle iconográfico en su espalda.
Resulta interesante señalar la postura de los brazos, que se suma a la gestualidad del rostro. Hacia el Posclásico las manifestaciones artísticas asocian esta postura con la felicidad, recordemos, por ejemplo, que el topónimo prehispánico del antiguo asentamiento de Orizaba era Ahuilizapan que se traduce como: “lugar de las aguas alegres”, por lo que su conformación plástica consistía en un espacio acuoso del cual emerge un personaje con los brazos ligeramente flexionados, levantados y abiertos. Comprendo que existen significativas divergencias temporales y de ubicación respecto al ejercicio comparativo, no obstante, igualmente considero que hay convenciones sociales que permanecieron en el tiempo, siendo transversales a las culturas.
Como cierre quisiera aproximar al espectador con la manufactura del ejemplar, el cual está hecho con arcilla mediante la técnica de modelado. Ostenta un engobe ligero que le cubre totalmente. El acabado de superficie es un pulido homogéneo. La aplicación y el punzado ayudan en la definición del rostro, así como de los atavíos que porta en la cabeza y el cuello. Se trata de una escultura de pequeño formato hueca, característica que facilitaba su cocción.