La sociedad mexica basaba su economía en dos actividades principales: la guerra y la agricultura, las cuales en buena medida determinaban las creencias y los rituales que se realizaban. Pese a que dioses como Huitzilopochtli – dios vinculado con la guerra – eran una de las principales deidades de los mexicas, había todo un grupo de dioses muy antiguos que acompañaban al hombre en su día a día y en sus preocupaciones sobre su subsistencia. Así, dioses como Tláloc y Chalchitlicue proveían el agua necesaria, dioses norteños como Mixcoatl y Camaxtle se encargaban de la caza, Huehueteotl hacía lo propio con el fuego e incluso Mayahuel le proveía de pulque a las personas. Entre ellos, un grupo selecto de dioses se encargaba del principal alimento del hombre: el maíz. Entre estas deidades se encontraba Cintéotl, el “dios mazorca”, Xilonen, “diosa del jilote”, Chicomecóatl “Siete Serpiente” e Ilamatecuhtli, la “Señora Vieja”, diosa anciana de la tierra y del barbecho.
Chicomecóatl, como deidad que personificaba el crecimiento del maíz, fue una de las deidades más representadas. La escultura tiene una forma rectangular, la parte inferior, correspondiente al pecho, está completamente lisa, quizá evidenciando que era una escultura que se encontraba en proceso de elaboración y que quedó incompleta. Pese a ello, la parte superior tiene un trabajo más acabado. En el centro se ve una forma ovalada, correspondiendo con la cabeza, y pequeñas incisiones marcan apenas los ojos y la boca, reforzando la idea de que estamos frente a una pieza inconclusa. Las cejas y la nariz, que debieron estar más terminadas, se han perdido por el paso del tiempo. A los lados del rostro se encuentran formas rectangulares, que representan tiras de papel, las cuales se ordenan en dos filas que recorren los lados de la escultura y la parte posterior. Arriba se encuentra un cordel con pequeñas líneas incisas que muestra el trenzado de las fibras y sobre ella se hallan incisas, unas líneas verticales y en cada extremo dos rosetones.
Tiene un tocado compuesto por rosetones y tiras de papel que recibían el nombre de amacalli, lo que era uno de los rasgos distintivos de Chicomecóatl, representándosele de esta manera en los Primeros Memoriales de fray Bernardino de Sahagún (f. 262 r.) y en la lámina 30 del Códice borbónico, característica que se puede apreciar además en las esculturas que resguarda el Museo Amparo con los números 1561 y 240. Estas esculturas debieron a su vez tener en la mano izquierda un par de mazorcas y en la derecha un dardo, además de encontrarse la falda, el torso y el rostro pintados de un color rojo.
La abundancia de estas esculturas nos muestra la importancia que tenía esta deidad, la cual, aunque no se encontraba en el principal templo de las ciudades, sí era uno de los dioses a los cuales los macehuales le rendían un constante culto, esperando con ello tener una buena cosecha que les permitiera continuar su día a día.