La vasija efigie, o mejor conocido como “urna zapoteca”, es un tipo de escultura en cerámica de pasta fina de color gris que se encuentra por lo general en un contexto funerario, sobre todo en las tumbas, en la cultura zapoteca. No se han hallado nunca restos de incineración de los cuerpos de difuntos dentro de ellas, en general, las vasijas se encuentran vacías. Tampoco se sabe su función original.
Su estructura general es una figura antropomorfa o zoomorfa adherida al frente de un vaso cilíndrico. Su tamaño varía mucho entre las piezas; existen figuras tan pequeñas que miden sólo diez centímetros y otras tan altas que alcanzan a medir más de un metro. Se han hallado desde la época muy temprana como el Preclásico, sin embargo, el auge de su producción se ubica durante el periodo Clásico.
Como se ve en la abundante fabricación de las vasijas efigie y las construcciones de las grandes tumbas decoradas con pintura mural, una de las características de la religión zapoteca es precisamente el culto a los ancestros. Los personajes que se representan en las vasijas efigie son dioses o ancestros disfrazados de deidades del panteón zapoteca.
Esta pieza es uno de los tipos de las vasijas efigie llamado “acompañante” que se caracteriza por ser una figura sencilla sin adornos ni glifos. La pieza se sienta en la típica forma del acompañante con las piernas cruzadas y las manos colocadas sobre las rodillas. La cabeza termina en forma cónica como si tuviera un gorro cónico que es otro elemento característico de este tipo. Tiene ojos almendrados con contornos realzados, muestra cuatro dientes y de ahí cuelga una larga lengua bífida como de serpiente que llega hasta la altura de las piernas dobladas. Porta unas orejeras redondas muy sencillas.