Vasija trípode con decoración geométrica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
Vasija trípode con decoración geométrica | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Vasija trípode con decoración geométrica

Cultura Tarasca
Estilo Tipo G
Región Michoacán
Período Posclásico tardío
Año 1200-1521 d.C.
Técnica

Barro modelado con policromía

Medidas 16   x 26.8  cm
Ubicación Sala 6. Arte, forma y expresión
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 1433
Investigador

Descripción

Lo que llamamos en la actualidad cultura tarasca no se refiere a un grupo étnico sino a uno de composición multiétnica cuyo auge ocurrió durante las dos centurias anteriores a la Conquista española en la mayor parte del actual estado de Michoacán y algunas zonas colindantes de Jalisco, Guanajuato y Guerrero. Esta sociedad se integraba por grupos mazahuas, otomíes, nahuas, chontales, apanecas, cuicatlecas y a su cabeza estaban los purépechas. Seguramente tal diversidad dio lugar a variaciones en la producción artística, entre ella la cerámica.

Tanto por la forma del recipiente como por su decoración, la vasija que vemos no corresponde con la alfarería tarasca más reconocida, es probable que tenga relación con el tipo llamado Chila polícromo, identificado por Isabel Kelly en la zona de Apatzingán, en la Tierra Caliente de Michoacán. Se trata de un cuenco de paredes rectas con tres soportes cilíndricos huecos y con los motivos pictóricos dispuestos en bandas concéntricas y en secciones geométricas delineadas; a diferencia del Chila polícromo, éste no es un molcajete, es decir, el fondo del cuenco carece de líneas incisas o esgrafiadas.

El cuenco trípode más reconocido para las cuencas de los lagos de Pátzcuaro y de Cuitzeo, en el Posclásico tardío, tiene las paredes curvo convergentes, los soportes son grandes y trapezoidales, con cierta frecuencia los motivos no se encierran en secciones geométricas y algunos de ellos se pintaron en negro negativo. Nuestra vasija está pintada al positivo en negro y crema sobre rojo. La composición es tripartita, geométrica y de apariencia abstracta. El exterior presenta tres series de tres bandas verticales y tres formas trapezoidales que encierran, cada una, dos bandas en zigzag, en la sección romboidal que se figura se pintó un motivo de cruz en dos de los recuadros y en uno aparece una banda diagonal escalonada; los soportes tienen bandas horizontales (tres negras y dos en crema).

El interior exhibe de arriba hacia abajo y siguiendo toda la circunferencia del cuenco: una banda con triángulos; una banda ancha, la principal, con motivos similares a los trapecios antes descritos y que en conjunto se distinguen como los motivos principales; en particular uno de estos muestra entre las bandas en zigzag dos rombos, cada uno con una cruz; estos cuadretes se intercalan con tres series de bandas verticales; le sigue una banda en la que se alternan cuadretes con líneas rectas o diagonales y cuadretes con triángulos arriba y debajo de bandas horizontales. En lo general, algunos de los triángulos aludidos se ven de color negro, aunque este color destaca en el delineado de los motivos y en las líneas rectas cortas en los motivos en zigzag principales.

El fondo de la vasija es rojo liso y carece de huellas pronunciadas de desgaste, lo cual, aunado al buen estado del resto de la decoración pictórica, lleva a suponer que su uso práctico fue limitado, acaso como contenedor de materiales sólidos y suaves. Otro de los usos de la vasija fue para producir sonidos, ya que el orificio en la punta de los soportes indica que son huecos y fue usual que funcionaran como sonajas. Recuerda a las vasijas cerámicas del complejo cerámico de la cultura Aztatlán, desarrollada principalmente entre los años 900 y 1200 d.C. en Sinaloa, Nayarit, Jalisco y hasta la cuenca del lago de Chapala; se trata de una amplia variedad de tipos de vasijas a las que le caracterizan la decoración con motivos geométricos abstractos y algunos figurativos esquemáticos dispuestos en bandas o cuadretes.

Vasijas trípodes del estilo de la que nos ocupa fueron encontradas a finales del siglo XIX por Carl Lumholtz en Cherán, un pueblo asentado en la Meseta Purépecha; recientemente el escultor y ceramista michoacano Raúl García informa de otras procedentes de la cuenca del Río Balsas -que se halla en la zona de Tierra Caliente- entre los municipios de Zirándaro, Guerrero  y los michoacanos de Huetamo y Churumuco, y asimismo en Uruapan, donde se unen la Tierra Caliente y la Meseta Purépecha.

Lo que llamamos en la actualidad cultura tarasca no se refiere a un grupo étnico sino a uno de composición multiétnica cuyo auge ocurrió durante las dos centurias anteriores a la Conquista española en la mayor parte del actual estado de Michoacán y algunas zonas colindantes de Jalisco, Guanajuato y Guerrero. Esta sociedad se integraba por grupos mazahuas, otomíes, nahuas, chontales, apanecas, cuicatlecas y a su cabeza estaban los purépechas. Seguramente tal diversidad dio lugar a variaciones en la producción artística, entre ella la cerámica.

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