Esta pieza corresponde a la cabecita de una figurilla masculina elaborada en barro de color café claro. Fue trabajada con la técnica de modelado, lo que logró enfatizar sus expresivos rasgos faciales. Presenta una cobertura cefálica lisa, ceñida, a manera de tocado tipo casco o casquete. Su forma continua envuelve el cráneo, desciende hacia las sienes y deja las orejas descubiertas; un borde frontal delimita con claridad la línea de la frente y enmarca el rostro ovalado. De perfil, el casquete se percibe alto y compacto, reforzando una apariencia de protección o investidura. El cráneo del personaje presenta una modificación tabular oblicua, lo que hace que la parte posterior sea plana.
El rostro está construido a partir de planos marcados y ángulos firmes. Presenta una nariz triangular y prominente en el centro de la cara que carece de fosas nasales. Los ojos almendrados presentan pupilas logradas mediante una perforación realizada con un instrumento tubular delgado. La mirada se representa convergente, con las pupilas orientadas hacia el eje nasal. Se observan las marcas de los arcos superciliares y sus cejas modeladas e inclinadas, lo que también genera una mirada intensa y fija. La expresión se acentúa por una boca con labios carnosos y comisuras marcadamente caídas, y por el modelado de la mitad inferior del rostro: el mentón, con una barba lograda mediante surcos finos, y el contorno de la zona bucal refuerzan un gesto que roza la desaprobación.
Las orejas carecen de volumen y aparecen apenas insinuadas, casi “dibujadas” sobre el plano lateral de la cabeza; su ubicación y contorno se infieren gracias al borde del casco y, sobre todo, por la presencia de orejeras tubulares con perforación central claramente visible, que remiten a un adorno corporal a manera de joyería.
El cuello es corto y ancho, además se presenta fracturado en la base. La superficie se observa mayormente alisada, aunque algunas áreas presentan un brillo propio de un engobe pulido que ahora se ha perdido casi en su totalidad por efecto de la erosión. También presenta restos de pátina y manchas por contacto con una matriz de tierra que dan una tonalidad superficial variada.
Por el modelado del rostro y por el tratamiento de los ojos, la cabecita puede proponerse de manera razonable como una producción de la Huasteca durante el periodo Clásico tardío (600-900), donde se documentan series de cabezas pequeñas en pasta fina y bien pulida, usualmente resultado de que se fragmentaron del resto del cuerpo. En ese mismo horizonte, es común que las figurillas porten tocados sencillos y grandes orejeras como ornamento, de modo que un tocado tipo casco o casquete, junto con orejeras marcadas resulta coherente con el repertorio huasteco. Dicho esto, el recurso formal del casco no es exclusivo; ya en el arte olmeca temprano del entorno de San Lorenzo Tenochtitlán se registran “cascos” o tocados de perfil helmet-like, muy visibles en la escultura monumental, pero también en figurillas de cerámica, y se ha sugerido incluso su relación con protecciones del juego de pelota. Esta comparación ayuda a subrayar dos aspectos más. Por un lado, la plausibilidad iconográfica del casco como marcador de identidad o estatus y, por otro, que en esta pieza ese elemento se integra a un “rostro-tipo” que apunta con más fuerza a un estilo regional huasteco que a un préstamo directo olmeca.
Esta pieza corresponde a la cabecita de una figurilla masculina elaborada en barro de color café claro. Fue trabajada con la técnica de modelado, lo que logró enfatizar sus expresivos rasgos faciales. Presenta una cobertura cefálica lisa, ceñida, a manera de tocado tipo casco o casquete. Su forma continua envuelve el cráneo, desciende hacia las sienes y deja las orejas descubiertas; un borde frontal delimita con claridad la línea de la frente y enmarca el rostro ovalado. De perfil, el casquete se percibe alto y compacto, reforzando una apariencia de protección o investidura. El cráneo del personaje presenta una modificación tabular oblicua, lo que hace que la parte posterior sea plana.