El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Conjunto formas abiertas y cerradas  | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Conjunto formas abiertas y cerradas

Región Altiplano Central
Período Preclásico medio
Año 1200-400 a.C.
Técnica

Modelado, pulido a palillos con engobe

Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 909
Investigador

El sedentarismo paulatino en el área que actualmente reconocemos como Mesoamérica, ocurrió hacia el 2,500 a.C., y trajo consigo una serie de cambios significativos en los modos de vida de las sociedades asentadas en las diferentes geografías del territorio.

Junto a la agricultura, la alfarería es considerada como uno de los motores de transformación. En ella, se reflejaron significados y cosmovisiones, pero también técnicas y tradiciones de manufacturas, las cuales aún siguen activas en diversas comunidades mexicanas.

La influencia de productos orgánicos como el guaje del que derivaron formas cerámicas específicas como es: el plato, el cajete, el tecomate y la olla; o del carrizo del que destaca el vaso, representó un reto que los antiguos ceramistas, fueron solucionando con el paso del tiempo, a través de métodos precisos que se instruyeron generacionalmente de forma oral y práctica.

Es durante el Preclásico Temprano (2,500-1,200 a.C.), cuando las tradiciones alfareras comenzaron a desarrollarse en diferentes puntos del territorio, no obstante, fue en el Medio (1,200-400 a.C.) donde se consolidan. En el transcurso de dicho periodo, es posible identificar los hornos de fogata colocados al ras del suelo y los subterráneos, cuya vigencia llega hasta nuestros días en la elaboración de cerámica.

Las técnicas de manufactura, por su parte, establecen un sólido canon dual en el que arcilla, agua, desgrasantes y manos son vitales en la creación de formas, abiertas o cerradas, que cubren las necesidades de la sociedad que los consume. En el primer caso, su elaboración incluye la interacción entre un bloque de barro, dedos o algún guijarro como herramienta, el cual era modelado con la finalidad de lograr figuras abiertas, por ejemplo: cajetes, vasos y platos. Mientras tanto, el enrollado, caracterizado por colocar de manera subsecuente tiras cilíndricas de diferente tamaño, facilitaba la creación de vasijas cerradas en las que destacan tecomates y ollas.

Sobresale también, el tratamiento precocción aplicado a las vasijas denominado engobe, el cual las recubría dotándolas de cierta impermeabilidad, resultado a su vez, del trabajo de pulimiento copioso efectuado por el alfarero que consistía en frotar ya sea con una roca, piel o elementos vegetales, la pieza hasta lograr un acabado de superficie homogéneo.

Situadas en el periodo Preclásico Medio (1,200-400 a.C.) el conjunto de piezas evidencia la consolidación de la tradición alfarera mesoamericana, formada de una cadena productiva sólida, que abarcó desde la obtención de material, el tipo de horno, la técnica de manufactura y, por supuesto, las redes de distribución.

La selección, por tanto, tiene la finalidad de encaminar al espectador a la inagotable imaginación de los antiguos ceramistas del Preclásico, quienes a pesar del tiempo y de los múltiples estilos, dejaron una profunda huella de su arte. Precisemos, por ejemplo, el detallado trabajo de pulimiento de las piezas que, en ocasiones, conservan un brillo como si su elaboración, no tuviera ya una pátina temporal mayor a los dos milenios.

Las diversas formas de los recipientes evocan la infinita habilidad creativa de los alfareros. La conjunción para la presente ficha manifiesta la interacción que ollas (617), cajetes (907,210, 287), platos (283) o vasos (902, 909) tenían dentro de la cotidianidad prehispánica, tanto en el marco doméstico, como ritual.

El sedentarismo paulatino en el área que actualmente reconocemos como Mesoamérica, ocurrió hacia el 2,500 a.C., y trajo consigo una serie de cambios significativos en los modos de vida de las sociedades asentadas en las diferentes geografías del territorio.

Obras de la sala

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