Adoración de los pastores | Salas de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
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Adoración de los pastores | Salas de Arte Virreinal y Siglo XIX | Museo Amparo, Puebla
Región Nueva España
Período Siglo XVII
Año 1689
Técnica Óleo sobre tela

Descripción

José Rodríguez Carnero (1649-1725), uno de los principales actores en la pintura de la Nueva España entre finales del siglo XVII y el primer cuarto del siglo XVIII, fue originario de la ciudad de México, pero como desarrolló buena parte de su carrera en la ciudad de Puebla, a la que se traslado alrededor del año de 1685, se le suele considerar protagonista destacado de la escuela poblana. Debió formarse en el taller de su padre, el igualmente pintor Nicolás Rodríguez Carnero, y curiosamente por un tiempo, usó el nombre de José Rodríguez de los Santos. Contrajo matrimonio en cuatro ocasiones, por más de que en su testamento menciona solo tres, con las que procreó numerosos hijos.

En 1681, él y Antonio Rodríguez, en nombre de los demás pintores, comparecieron ante las autoridades del gobierno civil de la ciudad de México para solicitar un traslado de las ordenanzas dadas desde mediados del siglo XVI para regir la vida del gremio de pintores y doradores, con el propósito de elaborar unas nuevas; mismas que serían promulgadas hasta 1687. Pero considerando quizá que en la capital del virreinato la competencia era mayor, prefirió avecindarse en Puebla, donde pronto también debió buscar reforzar la vida gremial, al suscribir la solicitud de ordenanzas para los pintores activos en ella.

Pese a su importancia, no se ha formado un catálogo de su prolífica, aunque desigual producción; con todo, buena parte de su fama descansa en los nueve grandes lienzos que cuelgan en la Capilla del Rosario, en la iglesia de Santo Domingo de Puebla.

Buena muestra de su quehacer artístico es también el lienzo de la Adoración de los pastores que ahora nos ocupa, en el que vemos al Niño Jesús, recostado sobre una sábana y una gavilla de heno, o lo que es lo mismo, sobre un pesebre como improvisada cuna y a sus embelesados padres, María y José que de rodillas le adoran y exponen orgullosos a la veneración de ángeles y pastores que se han acercado hasta ellos: ella levantando delicadamente la sábana y José con el gesto de sus brazos extendidos. Como se acostumbraba en este tema, Rodríguez Carnero escenificó una escena nocturna, dentro de una cueva o al abrigo de una cabaña o cobertizo, a causa de la ambigüedad de lo referido por San Lucas en su Evangelio, de que, tras dar a luz María a su Hijo le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en la posada (Lc 2,7), y de que fue ahí que la Sagrada familia recibió la visita de los pastores.

  La escena se desarrolla en un espacio oscuro e indefinido.  Al fondo, sumido en las sombras, se alcanza a ver el borrico que llevó a María hasta allí, y tal vez esté por ahí el buey que la tradición suele incluir en esta ocasión, para que se cumplan lo anunciado por el profeta Isaías: Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su Señor. (Is, 1,3). En el manejo iconográfico de este pasaje, al igual que la mayor parte de los pintores del Viejo Mundo y novohispanos de la época, Carnero ha seguido lo asentado por la mística Santa Brígida de Suecia en las Revelaciones que escribió a raíz de su visita a los Santos Lugares en el año de 1370, especialmente en lo tocante a la solución plástica de contrastar las luces y las sombras a fin de sugerir que la fuente de luz que ilumina la escena y a los personajes en ella emana del Niño Jesús, reforzando así la idea de la ansiada luz que llegó con el Mesías para vencer las tinieblas en que estaba sumida la humanidad.

A excepción de los angelillos que suelen representarse en la entrada de gloria de la parte superior, no es frecuente que se incluyan en esta escena seres angélicos, pero en esta ocasión Carnero introdujo varios en la parte baja. Dos aparecen de pie a las espaldas de la Virgen, acaso los arcángeles Miguel y Gabriel, representados como adolescentes, y otros dos, arrodillados, con las manos juntas, hacia el centro. La adoración angélica, episodio verosímil, pero no evangélico, es un tema complementario que arranca desde el siglo XIV, pero con el que la representación artística de la Natividad alcanzó en el Renacimiento su plenitud.

Al lado derecho de la composición encontramos un apretado grupo de cinco pastores, entre los que destacan un hombre entrado en años, arrodillado, dos mujeres, una joven y una anciana, y otro hombre que va entrando a escena. Aunque los textos evangélicos no dicen que los pastores llevaran presentes, la tradición ha querido que también se acerquen hasta el Niño con regalos. Es así que el hombre de la extrema derecha va cargando un borreguito, la mujer de más edad una canasta con huevos, y la mujer joven un cántaro de leche en la cabeza. De esta manera el número de regalos hacen simetría con los tres que llevaron al Niño los Reyes Magos, quienes sabemos le ofrecieron oro, incienso y mirra, prueba de que al paso del tiempo se fue enriqueciendo la escena con el gusto por lo pintoresco y familiar.                                                                                          Rogelio Ruiz Gomar

José Rodríguez Carnero (1649-1725), uno de los principales actores en la pintura de la Nueva España entre finales del siglo XVII y el primer cuarto del siglo XVIII, fue originario de la ciudad de México, pero como desarrolló buena parte de su carrera en la ciudad de Puebla, a la que se traslado alrededor del año de 1685, se le suele considerar protagonista destacado de la escuela poblana. Debió formarse en el taller de su padre, el igualmente pintor Nicolás Rodríguez Carnero, y curiosamente por un tiempo, usó el nombre de José Rodríguez de los Santos. Contrajo matrimonio en cuatro ocasiones, por más de que en su testamento menciona solo tres, con las que procreó numerosos hijos.

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