Las dos obras reunidas en el presente estudio integran el conjunto con el registro 534 de la colección de arte del México antiguo custodiada por el Museo Amparo. Son figuras cerámicas que tienen en común el cuerpo helicoidal; una es antropomorfa y la otra antropozoomorfa.
Sus rasgos estilísticos permiten atribuirlas a la cultura Tlatilco, una de las más destacadas sociedades mesoamericanas del periodo Preclásico en su fase media. Masivas cantidades de obras de arte cerámico, localizadas en inhumaciones y ámbitos de superficie, descuellan entre sus vestigios al poniente y sur del sistema lacustre del altiplano central de México. Se trata de las antiguas cuencas de los lagos de Texcoco, Xochimilco y Chalco, en zonas que se hallan en las actuales demarcaciones del Estado de México y Morelos. En la primera entidad se encuentra el sitio de Tlatilco (en el municipio de Naucalpan), de cuyo nombre deriva la denominación de la cultura. Tal vocablo es de filiación náhuatl y no corresponde con la familia lingüística oto-mangue que las investigaciones glotocronológicas identifican en la región durante el Preclásico medio.
El cuerpo helicoide semicónico de la primera obra está rematado por una gran cabeza humana cuya altura supera la del cuerpo; justo debajo de la cabeza se ven los brazos cortos y cónicos de la figura, dirigidos a su eje central. Porta una especie de casco campaniforme delimitado en la frente por una banda horizontal; en la cara de silueta rectangular, los ojos oblicuos y la boca entreabierta se hicieron con aplicaciones al pastillaje ranuradas; la imagen se enjoya con orejeras circulares. La pieza es un silbato; así lo revelan las perforaciones en los extremos y en la parte frontal de la cabeza.
En el ámbito tlatilquense se conocen diversos aerófonos. Un silbato parecido al que atendemos, resguardado en la UNAM, fue publicado por Christine Niederberger en el libro Paleopaisajes y arqueología pre-urbana de la cuenca de México; asimismo, en el catálogo del Museo Amparo se encuentran más silbatos de aspecto figurativo y los peculiares botellones silbadores efigie, que al rellenarse con agua, suenan al ser movidos, sin necesidad de soplar. En la categoría de instrumentos de viento, también se han registrado cornos de caracoles marinos con el vértice cortado para formar la boquilla. El uso y simbolismo de los artefactos musicales y sonoros en Mesoamérica es polivalente, se asocia con la ritualidad, lo sagrado, la guerra, la danza y la caza, entre otras actividades.
De acuerdo con la clasificación del arte escultórico cerámico de la cultura Tlatilco, identifico que este silbato es del tipo D2, mientras que la siguiente pieza corresponde al D1.
En su caso, el grueso cuerpo girado sobre un eje central culmina en una cabeza grande de apariencia serpentina que se apoya inclinada sobre su mismo cuerpo. Presenta una especie de cabellera corta, orejas, grandes ojos almendrados sin párpados y boca entreabierta de labios gruesos; el labio superior está evertido, por lo que la abertura bucal traza una silueta triangular; carece de fosas nasales o nariz.
Los cuerpos alargados de ambas figuras parecen girar en alrededor de un cono de diámetro discreto, hacia su derecha, es decir, en sentido dextrógiro. Trazan una espiral tridimensional que expresa elocuentemente dinamismo. En la iconografía mesoamericana este tipo de forma, en espiral o hélice, plasma elementos como el viento, el aliento y las corrientes de agua. El cuerpo rotado de modo ascendente sobre sí mismo en las dos obras contribuye en el simbolismo de las imágenes. En el caso del silbato alude directamente su función como instrumentos sonoro de viento y en la segunda obra, evoca el simbolismo de las serpientes como cuerpos de agua en movimiento.
Cabe mencionar el parecido de sus formas helicoidales con la concha del Lymnaea attenuata Say, un molusco de agua dulce registrado en la paleofauna del sistema lacustre del altiplano central mexicano. Igualmente, que el arqueólogo Román Piña Chan localizó en 1942, en un entierro múltiple, un objeto cerámico cónico en espiral que denominó “tornillo”.