Este subgrupo del conjunto con el registro 534 fue producido por la cultura Tlatilco, asentada en la región del Altiplano Central de México durante la etapa temprana de la historia de Mesoamérica, del 1400 al 900 a.C. Se trata de cinco esculturas en las que los humanos figurados presentan ademanes o posturas corporales con cierta particularidad en el imaginario artístico de dicha cultura.
En la cerámica escultórica tlatilquense prevalecen las imágenes femeninas en una hierática posición de pie con los brazos a los lados del cuerpo. Nuestro acotado grupo, con rasgos distanciados de esa simetría vertical predominante, permite dirigir la atención a una decidida intencionalidad creativa para plasmar en cada componente de las imágenes, sean singulares o comunes, atributos significativos en cuanto a su identidad, estatus, desempeño social y valores propios de su cosmovisión.
Las obras antropomorfas en las que nos detenemos constan de: 1) una figura sentada con las rodillas elevadas y los pies entrecruzados al frente que se cubre los ojos con las manos; 2) un hombre de cabello largo que parece portar una máscara aviforme, se toca las mejillas con ambas manos, está de pie y en su atuendo destaca también la faja gruesa arriba del máxtlatl ; 3) una mujer sentada que toca su mejilla derecha con la mano derecha y con la otra toca su abdomen; 4) un hombre con pronunciada cifosis o curvatura de la columna vertebral, está sentado y posa sus manos en el pecho; 5) una cabeza aplanada, con tocado de banda, cuya parte inferior se conecta directamente con los brazos, los cuales se alzan para tocar con las manos los parietales; se trata de una pieza completa, que remite a otras del arte de la cultura Tlatilco en las que se suprime el torso y las extremidades inferiores o superiores.
La corporeidad de estas imágenes, mayormente en asimetría formal, evoca movimiento, acción y vitalidad. Importa subrayar que sus posturas y ademanes, no son expresiones innatas o espontáneas, sino la materialización de gestos culturales, por lo que su desciframiento implica conocer su historicidad y contextos de origen específicos.
Las esculturas y vasijas cerámicas de la cultura Tlatilco fueron parte de ajuares funerarios en entierros humanos y, asimismo, se han localizado en espacios de superficie con vocaciones que se suponen variadas, con escaso registro científico. Es conveniente rebasar la interpretación de las obras como representaciones directas de ciertos individuos y atender la eficaz agencia de las imágenes.
La vía metodológica de la comparación con otras imágenes semejantes en Mesoamérica puede arrojar algunas pistas de su significado, en tanto que dicha macroárea cultural involucra una multiplicidad de sociedades heterogéneas que, además de compartir determinado vasto territorio al paso de cuarenta siglos, co-crearon sus procesos históricos y cosmovisión.
La figura con máscara o rostro de ave y cabello largo en mechones separados, parece representar un hombre con funciones rituales y poder sobrenatural; las manos colocadas a un lado del pico entreabierto dirigen nuestra mirada al sonido que, como entidad fantástica, parece emitir. En tanto, la postura del individuo sedente que se cubre los ojos con las manos, evoca estados alterados de consciencia por el consumo de sustancias.
De otra parte, en Mesoamérica son recurrentes los conjuntos escultóricos, compuestos por figuras exentas, que escenifican rituales diversos. Entre ellos, algunos remiten a situaciones luctuosas en relación con la muerte infantil y materna, en los cuales intervienen figuras con ademanes peculiares. Un ejemplo fue excavado por el arqueólogo Joseph B. Mountjoy en el sitio El Panteón, en Mascota, Jalisco; data de la fase temprana de la tradición de las tumbas de tiro, localizada en la región de Occidente durante el Preclásico medio. En asociación directa con la inhumación de una mujer joven y un recién nacido se depositaron tres esculturas femeninas, dos tienen un pequeño infante inerte en su regazo; una coloca su mano derecha en su mejilla y la tercer mujer toca con su mano izquierda su hombro izquierdo. Tales ademanes son frecuentes en el imaginario escultórico en la cultura de tumbas, la cual se desarrolló en la segunda y última fase de dicha tradición de tumbas de tiro. Otro ademán femenino recurrente que interpreto como síntoma de maternidad, consiste en posar una o dos manos sobre el abdomen, incluso cuando éste se ve plano o con poco realce.
Como se ha descrito, en el subgrupo que tratamos, resalta la cabeza con las manos en los parietales, y la figura femenina que toca con sus manos una de sus mejillas y su abdomen, acaso en alusión a la frecuente mortandad infantil y de las mujeres en parto, detectada en análisis de antropología física en vestigios óseos humanos excavados en el sitio de Tlatilco, en la municipalidad de Naucalpan, en el Estado de México.
En conclusión, de las imágenes que atendemos en el presente estudio, se advierte que su breve repertorio de ademanes, posturas y corporeidades, comunican mensajes específicos, significativos y funcionales para los portadores de la sociedad que les dio origen.