El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico
Cabeza antropomorfa fracturada | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla
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Cabeza antropomorfa fracturada

Cultura Tlatilco
Técnica

Escultura cerámica modelada, moldeada, con pastillaje, punzonado, incisión, perforación, alisado y engobe

Medidas 4.3   x 3.2  x 2.2  cm
Ubicación Bóveda Prehispánico
No. registro 52 22 MA FA 57PJ 572
Investigador

Beatriz de la Fuente, historiadora del arte fundamental para pensar a Mesoamérica, dedicó uno de sus libros a los Peldaños en la conciencia. Rostros en la plástica prehispánica (1era. ed., 1985). Sostiene que en la representación de los rostros se manifiestan los grados de conciencia que de sí mismos y del universo tenían los humanos, en el sentido de reconocerse y reconocer el entorno o su medio. Advierte también que se revela el lenguaje plástico de la cultura que dio origen a tales rostros, de modo que: “La voluntad artística en una máscara de Teotihuacán, es notablemente distinta del estilo que acusa el rostro de un relieve de Palenque. Los rostros, pues, no se sustraen al estilo artístico a que pertenecen, aunque hay por otra parte rostros de mayor individualidad que no se sujetan a cánones estilísticos reconocidos”.

Las tres explicaciones nos dan la pauta para abordar esta que perdió el resto de la figura original. Sus rasgos estilísticos la inscriben en la cultura Tlatilco.

Es una obra de arte cerámico, cuya materialidad básica es el barro o la arcilla que resulta de la desintegración de diferentes rocas. Debido a su accesibilidad, es común que se considere un material humilde, no obstante, el arte cerámico de modo integral conlleva complejidades. Sobre todo, destaca como la expresión artística predilecta en Mesoamérica y sus masivos testimonios escultóricos, en recipientes y ornamentos, han sido determinantes en el conocimiento histórico de sus sociedades. 

Por sus componentes principales, el barro es un silicato de aluminio hidratado, mas importa notar que existen distintos tipos, según la naturaleza de la roca de origen y las modalidades de descomposición y depósito. Su propiedad primordial radica en que puede amasarse para obtener una pasta plástica, es decir, susceptible de darle forma. El grado de plasticidad debe ser el adecuado, pues si se trata de un barro demasiado graso resultará una pasta pegajosa y si es magra poco elástica. Por lo tanto, suele mezclarse con sustancias antiplásticas, como arena, concha molida, fragmentos vegetales y tiestos molidos. Avanzando en el proceso creativo, la cocción de los objetos elimina su plasticidad y transforma el barro en cerámica. La dureza que entonces se adquiere está ligada a la fragilidad de las piezas.

Sean de mayor o menor tamaño, las secciones en las que se articulan partes de las obras, como los cuellos o asas, pueden romperse fácilmente durante su uso o exposición a nivel de superficie. Además, las fracturas intencionales también son comunes; la ritualidad de los pueblos mesoamericanos incluía “matar” a las obras, es decir, quebrarlas u horadarlas para que perdieran su poder o “fallecieran”. Al igual que en el caso de las personas difuntas, ello no implicaba necesariamente suprimir su funcionalidad. En el ámbito de la cultura Tlatilco, asentada en el Altiplano Central de México durante el Preclásico medio, es frecuente que fragmentos de figuras cerámicas se encuentren en las ofrendas sepultadas junto a los cadáveres. Asimismo, las figuras, completas o no, se han registrado en antiguos contextos domésticos y de superficie que remiten a su profuso uso ritual.

En cualquier expresión pictórica o tridimensional las cabezas son elementos privilegiados para plasmar la identidad fáctica, idealizada o imaginada de lo figurado; es el nivel de conciencia del que habla Beatriz de la Fuente. A menudo los cráneos de mujeres y hombres fueron modelados desde la infancia temprana para modificar su silueta; en sus diversas modalidades, en este caso se aprecia aplanada la parte posterior, tales formas se imitaron y exageraron en las imágenes artísticas.

Cabello, peinados y tocados igualmente fueron medios para comunicar, entre otras cualidades, valores estéticos, jerarquías sociales, estados o situaciones, ritos de paso, oficios, funciones y géneros tanto de los seres humanos y las deidades. En esta pieza acaso la obra porta un casco.

Predominan los rasgos finos, hechos con pastillaje, incisión y punzonado. Se trata de un rostro genérico, sin la intención de retratar de forma mimética a determinada persona. Manifiesta los cánones o las fórmulas convencionales propias del lenguaje plástico de la cultura creadora. Su formato pequeño no suprimió su tridimensionalidad.

Beatriz de la Fuente, historiadora del arte fundamental para pensar a Mesoamérica, dedicó uno de sus libros a los Peldaños en la conciencia. Rostros en la plástica prehispánica (1era. ed., 1985). Sostiene que en la representación de los rostros se manifiestan los grados de conciencia que de sí mismos y del universo tenían los humanos, en el sentido de reconocerse y reconocer el entorno o su medio. Advierte también que se revela el lenguaje plástico de la cultura que dio origen a tales rostros, de modo que: “La voluntad artística en una máscara de Teotihuacán, es notablemente distinta del estilo que acusa el rostro de un relieve de Palenque. Los rostros, pues, no se sustraen al estilo artístico a que pertenecen, aunque hay por otra parte rostros de mayor individualidad que no se sujetan a cánones estilísticos reconocidos”.

--Vista de salas--

El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico