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Desnudos femeninos | El México antiguo. Salas de Arte Prehispánico | Museo Amparo, Puebla

Desnudos femeninos

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Cultura Tlatilco
Región Centro de México
Año 1400-900 a.C.
Técnica

Escultura cerámica modelada, con pastillaje, punzonado, incisión, pulido y engobe

Ubicación Bóveda Prehispánico
Investigador
  • Verónica Hernández Díaz

Este subgrupo del conjunto con el registro 534 consta de cuatro figuras femeninas de la cultura Tlatilco, una destacada sociedad mesoamericana que habitó una extensa parte de la región Centro de México, en territorios al poniente y sur de la cuenca lacustre de Texcoco, Xochimilco y Chalco, ubicados en las entidades actualmente denominadas Estado de México y Morelos.

Dos de las cuatro obras están fracturadas, perdieron desde la cadera hacia abajo, parte de los brazos y su corporeidad es robusta; a los lados de la cabeza, a la altura de los ojos, hay horadaciones que sugieren su uso como pendientes. Además de la desnudez, las cuatro imágenes comparten la frontalidad simétrica, con los brazos cortos a los lados y separados del torso; igualmente, los ojos abiertos, la boca entreabierta y el ombligo señalado como una punción honda o superficial. Muestran peinados o tocados, con o sin fleco angosto, con trenzas o guedejas sobre los hombros, o el cabello trenzado acomodado como diadema. Las piezas completas aparentan juventud; destacan sus senos separados y las pequeñas aplicaciones al modo de pezones; tienen la cintura estrecha, el abdomen plano, la cadera y los muslos muy anchos; se adornan con collar y pequeñas orejeras circulares. Según la clasificación definida en varios trabajos por George Vaillant, Román Piña Chan, Miguel Covarrubias, Luis Covarrubias, Jean Pierre Laporte y Rosa María Reyna, entre otros autores, las tres primeras piezas corresponden al tipo D1, estilo emblemático del arte tlatilquense, y la cuarta al C9.

De acuerdo con la descripción de Patricia Ochoa del tipo D1, algunos atributos principales que muestran nuestras obras son: el modelado facial delicado con cejas hechas mediante reborde y ojos figurados con ranura y punzonado; cabeza pequeña proporcionada al cuerpo, con cierta inclinación hacia delante, trenzas que caen sobre el tórax, cuerpo alargado en postura erecta con la cadera ancha y las piernas cónicas.

Sobre el tipo C9 no hay consenso en las clasificaciones (piezas con rasgos similares igualmente se han identificado con las claves D-C-9, D5 e incluso D1), pero definitivamente la cuarta obra del subgrupo es similar a las que Reyna Robles nombra como “tradición C9-seres monstruosos”, en particular a los ejemplos que llama “personajes hombrudos”. A semejanza de tales figuras, la obra que tratamos carece de cuello y tiene los hombros muy altos y redondeados; asimismo, presenta dos formas parecidas a hojas alargadas que caen sobre los hombros, mencionadas por Ochoa.

Como testimonio de la intensa movilidad poblacional e interacción social que desde tiempos tempranos caracteriza la historia de Mesoamérica, en el Centro de México la tradición cultural de Tlatilco confluyó con la cultura olmeca asentada en la Costa del Golfo y la de la fase temprana de la tradición de tumbas de tiro en la región Occidente. Cada una de las tres tradiciones ostenta identidades particulares que remiten a diferentes procesos históricos, religiosidad, ritualidad y preferencias estéticas, entre otros aspectos.

Tlatilco descuella por su masivo arte cerámico en la forma de estatuillas de pequeño formato y de recipientes variados. En sus obras escultóricas predominan las mujeres, en claro contraste con la iconografía olmeca que privilegió las imágenes figurativas masculinas, tanto en esculturas en piedra, lapidaria y cerámica, no obstante, en una dimensión simbólica lo femenino fue plasmado en el arte olmeca mediante representaciones de una entidad mítica y divina usualmente llamada “el Monstruo de la Tierra”, cuyo inmenso poder de naturaleza femenina e inframundana se vincula la mitad inferior del cosmos y la bóveda celeste nocturna; alude el océano primigenio, el fundamento del estrato terrestre, y el lugar de los mantenimientos, de las personas muertas y de la sacralización sobrenatural de los linajes gobernantes.

Desde mi punto de vista, en relación con nuestro pequeño corpus de figuras tlatilquenses, resulta oportuno considerar sus valores simbólicos respecto a lo femenino en la cosmovisión mesoamericana, en un sentido que rebase la fertilidad y cuyo estilo naturalista no sea restringido a interpretaciones del orden secular y cotidiano.

Los registros arqueológicos indican sus funciones diversas: como ofrenda funeraria de mujeres, hombres e infantes en entierros ubicados en zonas habitacionales, y a nivel de superficie en áreas domésticas y de otros tipos cuyo registro científico es limitado. Lo que se sabe de sus contextos y lo plasmado en su extenso repertorio de imágenes, permite suponer su carácter ritual y que materializan sensibilidad y agencia: son imágenes de humanos, principalmente mujeres que miran y hablan y cuya desnudez evoca la sensorialidad táctil. Líneas arriba se ha dicho que en las cuatro mujeres se figuró el ombligo, elemento que acaso remite al origen primordial. Respecto a la zona umbilical, Alfredo López Austin ha mencionado que es la parte central del cuerpo, análoga al centro del nivel terrestre, que funciona como un eje que permite la comunicación con el inframundo primigenio, de naturaleza femenina en la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos.

 

Rep. Aut. I.N.A.H.

2 Sur 708, Centro Histórico,

Puebla, Pue., México 72000

Tel +52 (222) 229 3850

Abierto de miércoles a lunes de

10:00 a 18:00 h

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