Esta delicada escultura cerámica presenta varios tipos de modificaciones corpóreas. Es afín al tipo Panuco C definido inicialmente por el arqueólogo Gordon F. Ekholm en la década de 1940, con base en objetos recolectados en una zona del río Pánuco cercana a la moderna ciudad de Tampico, Tamaulipas. Pertenece a la cultura huasteca, una sociedad de Mesoamérica asentada en una extensa región entre los ríos Soto la Marina y Cazones que abarca el sur de Tamaulipas, el norte de Veracruz, así como porciones colindantes de San Luis Potosí, Hidalgo y Querétaro.
La pasta de la obra se formó con una arcilla de textura fina, que luego de modelarse fue cuidadosamente pulida y sometida a cocción en un horno con ventilación. Parte de las pequeñas perforaciones distribuidas en la figura —dos en la parte posterior de la cabeza, cuatro alineadas horizontalmente en la espalda alta, una en cada costado del torso y dos en las nalgas— evidencia que se trata de un volumen hueco en la cabeza y el torso, mientras que las extremidades son sólidas.
En términos de estilo, el tipo Pánuco C es naturalista; se caracteriza por plasmar hombres y mujeres jóvenes de cuerpos alargados, hombros anchos y torsos esbeltos, con brazos y piernas largas; las figuras están semidesnudas, ornamentadas con collares, peinados o tocados diversos; en su mayoría se les ve de pie, con los brazos extendidos a los lados del cuerpo. La tonalidad clara de la superficie es distintiva, así como el uso de pintura de chapopote para detallar ojos e indumentaria.
La bella imagen masculina a la que dirigimos nuestra mirada expresa una actitud solemne; está sentada con las piernas entrecruzadas al frente y las manos apoyadas en los muslos. La única prenda que viste es un máxtlatl de apariencia simplificada en sutil relieve; consiste en un paño que pasa entre las piernas y se ata a la cintura. Vista de perfil, se nota el modelado craneal tabular erecto. En su rostro, de finas facciones, se conservan restos de pintura negra aplicada después de la cocción en las pupilas de los ojos almendrados; también se advierte una argolla en la nariz. Los brazos exhiben escarificaciones, al modo de diez protuberancias con forma de cuentas en dos hileras. Al igual que el modelado craneal, se trata de una modificación permanente del cuerpo; la escarificación testimonia un sacrificio que genera sangre, pues la piel se horada para insertar la materia que formará los relieves.
El personaje muestra un llamativo peinado; la cabeza parece rapada, excepto por cuatro zonas de las que cuelgan cuatro largos mechones con los cabellos incisos: al centro uno al frente y otro atrás, y uno en cada costado de la cabeza. Los lóbulos de las orejas también están perforados, acaso originalmente contó con joyería exenta. El atavío se completa con un collar de dos hileras, en relieve.
En la región mesoamericana de la Costa del Golfo de México, la cultura huasteca se distingue porque sus portadores hablaban un idioma mayence, llamado teenek por esta sociedad; este idioma se separó del tronco común hace unos cuatro mil años, por la ocupación en diversas etapas de pueblos de habla mixe, totonaca y yutonahua, de modo que desde la antigüedad de la historia de México, en la región sureste del país se concentra el resto de idiomas de la familia lingüística maya.
No obstante el factor idiomático, el arte de la milenaria cultura huasteca o teenek participa plenamente en las tradiciones artísticas distintivas de la región Costa del Golfo. De la tradición escultórica cerámica que configuraron varias culturas al paso del tiempo, en particular de Veracruz, exhibe el uso de pintura de chapopote, punzonado en pezones y ombligo, peinados con mechones y el estilo naturalista.